1859: la primera colonia moderna de la Ciudad de México
Santa María la Ribera fue, en 1859, el primer fraccionamiento moderno de la Ciudad de México y la primera colonia con todos los servicios urbanos —mercado, escuela, iglesia y parque público. La alameda nació como pieza central de ese proyecto.

El año 1859 marca un punto de inflexión en la historia urbana de la Ciudad de México. Los hermanos Flores —socios fundadores de la sociedad inmobiliaria Flores Hermanos, posiblemente la primera de su tipo en el país— fraccionaron tres ranchos de su propiedad, llamados Santa María, De la Teja y Los Cuartos, para crear un nuevo barrio destinado a la naciente clase media. El resultado se llamó colonia Santa María la Ribera y se convirtió en el primer fraccionamiento moderno de la capital.
El planteamiento del proyecto fue inusual para la época. A diferencia de los crecimientos urbanos previos, que se daban por agregación informal sobre las trazas coloniales, Santa María la Ribera se diseñó desde el principio con espacios reservados para todos los servicios urbanos: un mercado, una escuela pública, una iglesia y un parque público. La Alameda era ese parque público, y se planeó como pieza central del fraccionamiento.
La consolidación de la colonia ocurrió de manera casi simultánea con la de la San Rafael, su vecina inmediata al sur. Ambas formaron una zona donde la nueva clase profesional —médicos, ingenieros, abogados, profesores— construyó casas de estilo afrancesado y porfiriano. La Alameda funcionó desde el inicio como espacio de encuentro: paseo dominical, conciertos al aire libre, lugar de reuniones políticas en momentos clave del siglo XIX.
El crecimiento intelectual y cultural del barrio durante el siglo XX se construyó sobre esta base original. La Alameda permaneció como núcleo del barrio incluso cuando, hacia mediados de siglo, Santa María la Ribera dejó de ser zona residencial de élite y se transformó en barrio popular con fuerte identidad comunitaria. La rehabilitación municipal de 2010 conservó el trazo decimonónico —cuatro fuentes octagonales en disposición geométrica europea— como testimonio del proyecto original.

